Rap contra el racismo

Ante ustedes me presento.

Mi nombre real es Francisco Mendoza, nacido en Lima-Perú. Egresado de la carrera de comunicaciones, con especializaciones en diseño gráfico, diseño web, programación y analista de internet.

Dicen que escribo muy bien, me gusta comer, sonreír, criticar, rebelarme, cuestionar, salir de bares, soy un apasionado del arte y el fútbol y cuando tengo tiempo juego a ser músico.

 

Nací en un distrito de Lima, viví en muchos lugares y conocí algunos países. Una locura de amor me trajo al viejo continente, específicamente Barcelona-España. Y por que así lo quizo el destino, por que Dios lo permitió, por que estaba escrito, por que lo profetizaron los Mayas o por lo que quieras creer Barcelona me sedujo a primera vista y me quedé.

Me enamore de esta ciudad, que después de mas de 3 años la siento un poco como mía.

Aprendí a comer calçots, beber chupitos de orujo después de la comida y aprendí a fingir querer pagar la cuenta en el restaurante para no quedar como tacaño. Aprendí que la historia de España te la enseña Torrente, antes decía chevere y ahora digo guay, antes decía Ok y ahora digo vale. Antes cuando me sorprendía de algo alucinaba, ahora flipo.

Aprendí también que España para el norte de Europa son considerados casi latinoamericanos, y que cuando un español no quiere deprimirse tanto recuerda que aún quedan Portugal y Grecia más abajo.

Aprendí que quizás en el resto de España podría ser considerado un inmigrante, pero no en Barcelona, la ciudad pluri-multi-macro-hiper-etno-cultural por naturaleza, por rigor y derecho propio. Barcelona, la ciudad donde el policía (o mosso) te da con palo con una democracia absoluta, tan igual de brutal para el paraguayo, como para el catalán, ruso o israelí.

Donde cada vez que salgo a un bar es raro ver dos personas del mismo país en la misma mesa. Donde el tío más fan del ceviche que conozco es irlandés, donde suelo brindar pisco con unos colegas chilenos, he besado chicas de República Checa, he compartido pupitre con un marroquí y he bailado cumbia con inglesas. Esto es Barcelona, y son solo algunos de los principales motivos por los que aprendí a quererla tanto. Sin ningún animo de falso patriotismo, debo decir que amo la gente y el suelo que camino. De banderas, horizontes, países e himnos patrios no hablo ni quiero, por que no creo en esas gilipolleces (webadas).

¿En que me he convertido entonces?, no lo sé, pero sigo siendo un cholo con garra, amante de la buena música, malcriado, bebedor y cevichero de toda la vida, amigo de sus amigos y también de sus enemigos. Que ama sin medidas, nunca aprendió a odiar, el que todo lo cuestiona, todo lo pregunta, todo lo analiza y ante todo se rebela. Le encanta provocar revoluciones, utópico hasta la médula, soñador y pesimista. Retórico, dialéctico, alpinchista...

Soy el que sufre como Yunque y golpea como Fariña. Esto ultimo va para los conocedores. Guiño de ojos cómplice para los que saben.

Podría decirse que soy un hombre feliz, pero no lo soy. Y no por que tenga graves problemas en la vida, sino por que así como existen esos efímeros momentos de alegría que nos dibujan sonrisas y nos hacen tanto bien, así también me afectan esos otros momentos de tristeza, enfado cuando no molestias que llamaremos breves muertes en nuestro ser. Ayer sufrí una de ellas y ayer un poco volví a morir.

Siempre he sido un socializador por naturaleza y me ufano y por siempre me ufanare de tener amigos de todos los colores, de todas las razas, de todos los credos. Barcelona me permitió llegar a mas gente y reafirmar una postura que nació de manera natural en mi y que juro mantener hasta que ha mejor vida pase. Pero... siempre hay un “pero”.

Y a continuación una larga lista de “peros” en forma de interrogante:

¿Que hacer si un hermano de tu país te rechaza por que no le convence el color de tu piel?.

¿Que hacer si nos sentimos ofendidos cuando nos llaman ecuatorianos?.

¿Cuando siendo negros somos racistas con los más negros?.

¿Cuando le digo a un dominicano tu eres de mi país con actitud cómplice y con la mejor de las intenciones, y este me responde: Mírame bien, ¿yo acaso parezco de tu país?. Pero no responde con actitud de interrogación, sino con la arrogancia de creerse superior, con actitud despectiva, con asco hacia lo mio.

¿Que puedo hacer si mi pareja le preocupa que sus hijos le salgan indios?. Cuando ella es de Bolivia.

¿Que hacer si conoces a un mexicano que le dan asco los mexicanos y su forma de hablar?.

¿Que actitud tomar si un argentino le dice a otro muy bajito para que no lo oigan: Che, mirá a ese negrito (refiriéndose a un chileno) así como lo vez tiene mas pasta que tu y que yo?.

¿Como reacciono si me presentan a un peruano exitoso en Milán y me habla en italiano fingiendo no saber español?.

¿Que le respondes a un venezolano vestido de azul y grana de pies a cabeza, gritando los goles del Barça y diciendo que se llama Jordi, si hace dos días vivía en Maracay, solo conocía de béisbol y le decían Coco de toda la vida.?

Hermanos míos le diré que me tropiezo a diario con gente de diversos países. Puedo decir que nunca he sentido racismo de ninguna clase en este país, mas allá de humoradas habituales en alguna tertulia. Sin embargo, si me pongo a reflexionar de manera más profunda debo admitir que los mayores actos de desprecio, las actitudes mas marginadoras, los actos de supremacía racial han venido generalmente de personas nacidas en el sector latino americano del continente que limita con el océano Pacifico. De ese pedazo de tierra variopinta e híbrida de mil colores, bañada por mares, coronada con montañas, plagada de selva y sierra, de lagos y quebradas. De la triste América. Tantas veces marginada.

Son los insultos soslayados y tímidos, por lo tanto mas letales y venenosos, por que actúan de manera sigilosa. Son cobardes y rastreros por que atacaban donde más duele, con la complicidad de unos cuantos. Con la alevosía del que se siente superior. Con la soberbia del que nada tuvo pero de todo se jacta. Son pocos pero son. Como diría el gran Vallejo.

A veces quisiera ignorar. No entender ciertas cosas. No ser consciente de algunas verdades que me obligan a reflexionar y criticar a mi gente. Pero lamentablemente no es así, y no puedo quedarme callado.

Obviamente, esto no va para todos, conozco muchísima gente que ama el alma y no la estética. Y estos felizmente también abundan. Como mi brother Juan Carlos que siempre se pone su chullo y con una sonrisa me dice: No parezco mucho, pero mis viejitos son de Puno. Y el pecho se me infla de orgullo.

Como la Dj latina del bar Manchester que pone Café Tacuba en las fiestas indie de hipsters ingleses.

Como Marquito Cerrutti, el italiano que vende marcianos y chaulafán en los parques de Torino.

Como Jonathan mi hermano ecuatoriano que me dice ustedes tienen a los Incas, nosotros somos los Jíbaros y lo remata con: ¿si o no causa?. Yo te respondo desde aquí: ¡Claro que si, mi pana del “Ecua”!.

Y es que somos todos tan distintos pero tan iguales...

Me gustaría terminar este escrito con un colofon que los llevara a la reflexión, pero, sinceramente no sabría que poner. Quizás agradecerte por leerlo hasta el final. Total, al final de cuentas no he escrito nada que antes ya no se haya escrito.

Suerte hermano, seas del color que seas. Seas del país que seas, te deseo lo mejor.

El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando.
Miguel de Unamuno.

CHX.

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